La luxación de la mandibula o dislocación es un episodio que requiere la atención urgente de un médico o, mejor, un dentista.

Aparte del apremiante dolor, esta situación no permite cerrar la boca y la mandíbula suele desviarse hacia un lado.

La causa de la luxación de la mandíbula es, en algunos casos, una lesión, pero por lo general se debe a haber abierto la boca de modo excesivo (por ejemplo al bostezar, al morder un bocadillo grueso, al vomitar o durante un procedimiento odontológico).

Sin embargo, es más probable que le ocurra a personas que hayan sufrido antes otras luxaciones o que sufran laxitud mandibular (hipermovilidad), que puede ser consecuencia de trastornos temporomandibulares.

En una consulta, tu dentistas podrá determinar esta tendencia en ti.

Cuando ocurre una luxación de la mandibula, el dentista la devuelve a su sitio haciéndola encajar manualmente, para lo que existen varias técnicas.

Generalmente, el dentista se envuelve los pulgares con una gasa y los coloca en el interior de la boca, sobre los molares inferiores. Los otros dedos se sitúan alrededor de la mandíbula inferior. A continuación, ejerce presión hacia abajo sobre los molares al tiempo que empuja la barbilla hacia arriba hasta que la mandíbula queda encajada nuevamente en su posición normal.

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