sarro

El sarro es uno de los problemas que tendremos en la boca, por más que hagamos de nuestra higiene dental un ritual inquebrantable. Cuando aparece, da la sensación de no estar limpios.

Más allá del efecto estético que puede causar la aparición del sarro en los dientes, las consecuencias negativas para nuestra salud pueden comenzar a complicarse, con caries y enfermedades periodontales.

El dentista puede eliminarlo en una visita regular a su consultorio, pero en casa podemos practicar algunas acciones para tratar de repelerlo. Los tratamientos médicos pueden ir desde una simple limpieza bucal de las capas más superficiales de los dientes, hasta tratamientos más complejos como los periodontales, que también limpian el sarro que se ha depositado por debajo de la encía.

El sarro es un compuesto a base de placa bacteriana, que a su vez está formada por varios elementos: saliva, restos de comida y bacterias que se alimentan de éstos.

La placa bacteriana es invisible, pero una vez que se depositan sustancias minerales sobre ella, adquiere un tono amarillento o marrón, que es el color característico del sarro.

La mejor forma de evitarlo es la limpieza que hace el dentista, cuando lo visitamos al menos dos veces al año.

Entre una visita y otra, puedes luchar contra el sarro en casa. El bicarbonato de sodio es una buena opción para la limpieza de sarro de los dientes frontales de abajo, que suele ser donde más se acumula la placa, aplicando el bicarbonato en un cepillo de dientes previamente humedecido y cepillándonos bien.

El limón también funciona muy bien para la correcta limpieza de nuestra dentadura y para eliminar la placa. Mezclamos el zumo de limón con medio vaso de agua tibia y hacemos un buen enjuague bucal una vez por semana.

Masticar semillas de sésamo durante unos minutos también tiene un potente efecto limpiador. Después, nos limpiaremos los dientes con un cepillo seco y nos enjuagaremos con una gran cantidad de agua.

Las hojas de perejil bien picado pueden actuar sobre la placa bacteriana, si lo aplicamos y lo dejamos actuar unos minutos sobre los dientes, para después enjuagarnos con agua tibia de forma abundante.

También podemos recurrir al agua oxigenada: enjuagándonos durante unos minutos la boca, y después eliminar los restos con agua tibia.

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