El hábito de la higiene bucodental se inculca desde los primeros años de vida. De lo contrario, el adulto no solo tiene más riesgos de padecer enfermedades más severas, sino que no tendrá un ritual para proteger su dentadura.

Por ello, la madre o el encargado de cuidar al bebé, debe asegurar una correcta higiene bucal, al utilizar gasas mojadas en agua para limpiar las encías, mejillas, lengua y el paladar.

Y en cuanto sale el primer diente también será momento del primer cepillo. La limpieza debe hacerse dos veces al día, siendo especialmente importante el cepillado nocturno.

A partir de los 12 meses, lo ideal es utilizar cepillos adaptados, más suaves y con la punta redondeada para que ellos mismos puedan aprender a utilizarlos.

También es buen momento para ir a la primera consulta con el odontopediatra, de acuerdo con la Sociedad Española de Odontopediatría (SEOP).

En el mercado hay pasta dental especialmente formulada para bebés. Pero, tome en cuenta que debe contener 1000 partes por millón de ión flúor. Se colocará lo equivalente a un grano de arroz para cada limpieza.

Cuando se cumplen los 3 años, habrá que aumentar esa cantidad de pasta (con la misma concentración de flúor). Ahora será del tamaño de un guisante. Y luego, a los 6 años si debe haber una mayor concentración de flúor: 1450 partes por millón.

Los hábitos de limpieza bucal del niño deben ser supervisados por sus padres o tutores hasta que observen que lo hace correctamente y no traga pasta.

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