Con la llegada del calor aumentan las bebidas con hielo, los granizados y los refrescos muy fríos. Sin embargo, algunas personas no se limitan a utilizar los cubitos para enfriar la bebida, sino que los mastican una vez terminado el vaso.
Aunque pueda parecer un gesto inofensivo, los dientes no están preparados para romper objetos tan duros como el hielo. La presión necesaria para triturarlo puede dañar tanto las piezas naturales como los tratamientos dentales que ya existen en la boca.
1. Puede provocar fisuras en los dientes
El hielo es duro y ofrece una gran resistencia al morderlo. Cuando el diente entra en contacto con un cubito, soporta una presión elevada que puede generar pequeñas grietas en el esmalte.
Al principio, estas fisuras pueden pasar desapercibidas. Con el tiempo, sin embargo, pueden aumentar y provocar dolor al masticar, sensibilidad o incluso una fractura visible. La Asociación Dental Americana recomienda evitar masticar hielo porque se encuentra entre los hábitos capaces de agrietar o romper un diente.
2. Puede romper empastes, coronas o carillas
Los tratamientos dentales también pueden dañarse. Un empaste amplio, una corona o una carilla pueden resistir las fuerzas normales de la masticación, pero morder repetidamente objetos duros aumenta el riesgo de que se desprendan o se fracturen.
En ocasiones, el cubito se rompe sin causar problemas, pero otras veces es el propio diente o la restauración dental lo que termina cediendo.
3. Aumenta la sensibilidad dental
Las pequeñas fisuras y el desgaste pueden facilitar que los cambios de temperatura lleguen a las zonas internas del diente. Por eso, una persona que mastica hielo con frecuencia puede empezar a sentir un dolor intenso y repentino al tomar bebidas frías, alimentos calientes o productos dulces.
La sensibilidad también puede indicar que ya existe una caries, una retracción de las encías o una fractura. Cuando la molestia aparece siempre en el mismo diente o continúa después de retirar el estímulo, es recomendable solicitar una revisión.
4. El riesgo es mayor en dientes debilitados
Una pieza con una caries extensa, una endodoncia, un empaste grande o una fractura anterior puede ser más vulnerable. Aunque externamente parezca estar en buen estado, su resistencia puede ser menor que la de un diente completamente sano.
Masticar hielo puede convertir una fisura pequeña en una rotura más importante y hacer necesario un tratamiento con empaste, corona, endodoncia o, en los casos más graves, una extracción.
5. Puede dañar los dientes delanteros
Muchas personas muerden los cubitos con los incisivos. Sin embargo, estos dientes están diseñados para cortar alimentos, no para triturar materiales extremadamente duros.
La presión puede provocar pequeños desconchones en los bordes, alterar la forma del diente o generar una fractura que afecte a su apariencia.
6. Las ganas constantes de comer hielo pueden tener otra causa
Sentir un deseo persistente y difícil de controlar de masticar hielo recibe el nombre de pagofagia. Este comportamiento se ha relacionado frecuentemente con la falta de hierro y puede aparecer como una manifestación de anemia ferropénica.
Esto no significa que todas las personas que mastican algún cubito tengan anemia. No obstante, cuando la necesidad es diaria, compulsiva o genera malestar si no puede satisfacerse, conviene comentarlo con un profesional sanitario y evitar tomar suplementos de hierro sin una valoración previa.
Cómo abandonar este hábito
Puedes enfriar la bebida y retirar los cubitos antes de terminarla, utilizar agua previamente refrigerada o esperar a que el hielo se derrita sin morderlo. También puedes sustituir el hábito por un chicle sin azúcar, que estimula la producción de saliva y no somete a los dientes a la misma presión.
Cuando aparezca una rotura, dolor al morder o sensibilidad persistente, es importante acudir al dentista. Dejar de masticar hielo a tiempo puede evitar que una costumbre aparentemente pequeña termine provocando un problema dental importante.





