Las vitaminas A y D

La salud oral y general se encuentra íntimamente ligada a la nutrición, por lo tanto las deficiencias nutricionales repercuten en todos sus niveles y las vitaminas son un ejemplo, ya que juegan un rol esencial en las distintas funciones orgánicas.

Vitaminas A y D, sus funciones sobre la salud

Vitamina A: esta vitamina ayuda al crecimiento y mantenimiento de las células de la piel, favoreciendo su regeneración y por lo tanto a la cicatrización. Por ello un deficiencia de vitamina A a nivel oral puede provocar retraso en la cicatrización.

La vitamina A es una vitamina liposoluble o sea que se almacena en la grasa corporal y esta condición hace que no se recomienden suplementos de dosis altas, ya que puede tener efectos perjudiciales o secundarios, tales como dolor en las articulaciones, dolor de cabeza, diarrea, fatiga, vómitos y daño hepático, por lo cual se recomienda su consumo a través de la alimentación natural, cuando no exista una deficiencia de vitamina A marcada, que en tal caso deberá ser tratada por un profesional, sin excepción.

Las mejores fuentes naturales de vitamina A son:

-La leche fortificada

-Hígado (pollo, carne de res)

-Vegetales de hojas verdes

-Frutas y verduras de color amarillo, naranja o rojo como los albaricoques, melón, calabaza, boniatos y zanahorias.

La vitamina D: esta vitamina trabaja en sinergia con el calcio para mantener la calidad y la resistencia ósea, su deficiencias deriva por lo tanto en la fragilidad ósea. A nivel oral una deficiencia de vitamina D, puede aumentar el riesgo de fractura de la mandíbula y a la enfermedad periodontal.

Una deficiencia temprana en la vida podría afectar a la formación de los dientes y una relación orgánica que también se ha establecido es a nivel renal, ya que las personas con enfermedad renal presentan deficiencia de vitamina D. El cuerpo puede sintetizar su propia vitamina D a través de la exposición a la luz solar durante varios minutos, dos o tres veces a la semana, pero también se encuentra de forma natural en los siguientes alimentos;

-Los aceites de hígado de pescado y pescado

-La leche fortificada y los productos lácteos

-La yema de huevo

-Algunos cereales

Imagen: MF

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