Odontología sin dolor

Los dentistas han sido líderes en el campo de la anestesia desde el siglo XIX, fue el Dr. William Morton quien en 1846 para extraer un diente utilizó éter como anestésico general y desde entonces, la anestesia ha recorrido un largo camino.

La anestesia local es la forma más común de anestesia que se utiliza en odontología, siendo muchos los procedimientos en los cuales el dentista inyecta un anestésico local en el área que se necesita adormecer, acción que se la conoce como inyección de infiltración. A veces se administra la inyección para adormecer un área grande y esto se conoce como anestesia regional o de “bloque“.

Algunas investigaciones se han centrado para generar anestésicos locales sin agujas, pero estos sistemas no son populares, sin embargo sí son prometedores, así por ejemplo un nuevo sistema consiste en la aplicación de un parche en la encía que contiene un anestésico local, el cual se absorbe directamente por la piel, para luego de ser retirado y se pueda aplicar la inyección anestésica de forma prácticamente indolora en el lugar o llevar a cabo ciertos procedimientos dentales sin tener que dar una inyección, así como por ejemplo un relleno pequeño o una limpieza profunda de las encías.

De vez en cuando ciertas personas no logran conseguir el adormecimiento adecuado al recibir la inyección de anestésico local habitual, en tal caso pueden recibir otro tipo de aplicación como una inyección intra-ósea, cuyo procedimiento consiste en la utilización de un taladro pequeño que hace un agujero en la encía para a continuación insertar en él una aguja con la finalidad de inyectar la anestesia directamente en el hueso maxilar.

Otro método de inyección se conoce como “la vara“, en la que se utiliza un sistema de suministro controlado por ordenador, así por medio de una varita se dosifica la cantidad correcta de anestésico, con un mejor control de dolor.

Imagen: Flickr

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