absceso dental

La salud bucodental debe ser una prioridad para todas las personas. Que la boca esté sana significa que el organismo también lo estará.

Por ello, ante cualquier molestia, lo ideal es visitar a un dentista para una revisión evaluatoria y determinar si algo anda mal. Un ejemplo claro son los abscesos dentales, que pueden llegar a ser grandes problemas si no se atienden a tiempo.

La falta de atención a un absceso dental tiene consecuencias severas, que van de la pérdida de la pieza a la propagación de la infección, generando uno o más de estos padecimientos:

Celulitis facial. Es la infección por bacterias en los tejidos blandos y profundos del rostro, que en las regiones afectadas luce enrojecido, tenso y en ocasiones con erupciones. Su tratamiento requiere antibióticos.

Angina de Ludwig. Es una infección de los tejidos localizados debajo de la lengua y en la parte inferior de la boca. Genera inflamación y dolor en cuello, fiebre, fatiga, confusión y dificultad respiratoria. Puede ocasionar la hospitalización del paciente.

Osteomielitis de maxilar. Ocurre en caso de que las bacterias se establezcan en el hueso. Genera gran dolor, fiebre, hinchazón en la zona afectada y malestar general. Se combate con antibióticos por vía intravenosa y a veces con cirugía para remover las partes del hueso que han muerto.

Abscesos cerebrales. Son cúmulos de pus en la región del encéfalo que surgen cuando las bacterias del granuloma viajan por las vías sanguíneas. Sus síntomas son dolor de cabeza, rigidez del cuello, fiebre, malestar general y alteraciones de la vista; pueden presentarse paulatinamente (en dos semanas) o de manera súbita. Es una emergencia médica que requiere hospitalización.

Endocarditis. Infección de las válvulas cardiacas que se manifiesta con fatiga, fiebre, dificultad para respirar, anormalidades en el ritmo cardiaco y sudoración. El tratamiento con antibióticos dura hasta 6 semanas y, en casos severos, puede desencadenar incapacidad del corazón para bombear sangre adecuadamente.

Neumonía. Tos con expectoración (flemas), fiebre, escalofrío, dolor torácico y problemas para respirar son algunas de las manifestaciones de la infección de los pulmones. Su atención también requiere la administración de antibióticos.

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