La oclusión es un aspecto fundamental en la funcionalidad y estética de la dentadura. Es el encaje de los dientes superiores e inferiores, mediante sus relaciones estáticas y dinámicas, que con la aplicación de la nueva tecnología ha dado grandes pasos al futuro.

Guillermo Pradíes, director del Máster en Odontología Restauradora basada en Nuevas Tecnologías de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) recuerda que “la oclusión estática es la primera que se ha controlado dentro del flujo digital y ahora, con la nueva aparatología disponible, empezamos a controlar la dinámica”.

Lo que está claro entre los dentistas que no es posible hablar de flujo digital correcto, ni en prótesis ni en ortodoncia, si no está controlada la oclusión.

La oclusión sigue siendo el punto débil del sistema, a pesar de la creciente precisión y la exactitud de los actuales sistemas de impresión digital, de la integración de los CBCT y de los archivos STL, de acuerdo con Emilio Jiménez-Castellanos, catedrático de Prótesis de la Universidad de Sevilla.

Ambos especialistas, citados por Maxilaris, recuerdan que las herramientas digitales relacionadas con los aspectos oclusales son básicamente tres: los dispositivos de ajuste de oclusión mediante sensores de presión (tipo T-Scan, OccluSense, etc.) para la oclusión estática; los articuladores digitales; y los arcos faciales digitales para la oclusión dinámica.

Con desigual nivel de desarrollo, de funcionamiento y de resultados, ninguna de ellas goza de una implantación generalizada en el día a día de las clínicas dentales.

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