Es difícil imaginar que el cepillo de dientes, esa importante herramienta indispensable para el cuidado de la salud bucal fue ideada en la cárcel.

Su inventor fue William Addis, quien en 1780 cayó preso en Newgate por causas que ya no vienen al caso. Pero fue allí que más se preocupó por sus dientes.

Antes de este invento, las personas usaban tela de lino mezclada con sal u otras sustancias para limpiarse los dientes, frotándola fuertemente. Y ante la posibilidad de conseguir la tela decente y limpia, pensó en una solución.

Se guardó un hueso de la cena, al que más tarde convertiría en un mango. Le horadó pequeños agujeros, a los que acabó pegando unas cerdas que consiguió tras sobornar a uno de los guardias.

Así creó el primer cepillo dental moderno, al que mejoró una vez salió de prisión, lo patentó y amasó una gran fortuna.

Claro que no era el primer cepillo dental de la historia, pero sí fue el inicio del producto tal como lo conocemos hoy.

El primero fue palo de miswak, hace más de 7 mil años atrás, que se obtiene de una planta -Arak o árbol del cepillo dental- y que todavía se sigue usando en algunos países asiáticos.

El miswak se emplea masticando su rama hasta deshilacharla y, a partir de ahí, se obtienen grandes penachos que contienen flúor –entre 8 y 22 partes por millón-, escribió el historiador Pedro Gargantilla en el diario ABC.

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