Es frecuente que los pacientes experimenten ansiedad en el sillón dental, aunque el dentista haga todo lo posible para que el paciente se sienta cómodo cuando llega a una visita.

Un equipo de investigadores de la Universidad de West Virginia ha estado trabajando para identificar las causas fundamentales de esa ansiedad. Recientemente han hecho algunos progresos en su trabajo.

Como se explica en un artículo del Science Daily, el equipo encontró evidencia que sugiere que la predisposición de uno a temer que el dentista pueda llevar una parte genética.

Encontraron además, que el miedo al dolor, ligado a rasgos hereditarios, se relaciona estrechamente con el miedo al tratamiento dental, que junto con los factores ambientales, puede ser un gran contribuyente a la ansiedad del sillón dental.

Un alto porcentaje de la población mundial sufre ansiedad ligada al dentista, lo que provoca que retrasen o se salten el tratamiento dental por completo.

Dada que la salud bucodental tiene un impacto directo en la salud general, esa evasión puede presentar grandes riesgos para la salud a largo plazo.

Si el miedo al dentista es hereditario, ¿cómo pueden las prácticas dentales tranquilizar a sus pacientes? Probablemente no puedan hacer nada con respecto a los genes de un paciente. La solución está en poder influir sobre los factores ambientales que juegan un papel activo: el consultorio, el personal, el dentista y todas las interacciones individuales que conforman la impresión general de una visita al dentista de un paciente.

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