Si por la boca entran todos los alimentos y bebidas que consumimos, los problemas que allí se reflejen tendrán repercusiones en la salud general del organismo. Y es algo que ya está científicamente comprobado.

 La mala salud bucodental se ha relacionado con enfermedades como las cardiovasculares y la diabetes, uno de los ejemplos más preocupantes.

Los hábitos de higiene dental se inculcan desde niños, pero se habla más de una buena sonrisa y de evitar la caries. Pero la salud bucal es la primera en la lista de la prevención de patologías más complicadas en el futuro.

Una mala higiene bucal favorece ciertas enfermedades e infecciones y, en algunos casos, hay enfermedades o carencias que se manifiestan en la boca antes que en cualquier parte del cuerpo en forma de aftas, sequedad, mal aliento, etc.

Un ejemplo clásico sobre la repercusión de la salud oral sobre la salud general es la enfermedad periodontal, ya que además de provocar la pérdida de dientes, aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares o diabetes.

La boca es un lugar lleno de bacterias. En ella se encuentran desde las bacterias causantes de las caries, enfermedades de las encías y enfermedades sistémicas que afectan a la salud general.

Pero no hay que alarmarse. Mientras la salud bucal tenga su equilibrio y esté bajo control, no habrá riesgo. Hay que evitar que las bacterias crezcan fuera de control, porque pueden ocasionar enfermedades dentro y fuera de la boca, a través del torrente sanguíneo o simplemente trasladándose a otras partes del cuerpo, como el aparato digestivo o respiratorio, ambos conectados con la boca.

A través de la boca puede producirse una contaminación bacteriana de los pulmones que puede evolucionar en neumonía.

La enfermedad periodontal puede aparecer durante el embarazo. Los cambios hormonales en ese periodo provocan que el número de bacterias en la boca aumente, lo que favorece a aparición de gingivitis. Suele ser reversible, pero si no se trata, puede evolucionar en periodontitis, una infección más grave que puede incluso llegar a la placenta, lo que incrementa, tanto el riesgo de muerte fetal como de parto prematuro, e incluso el riesgo de preeclampsia.

Con la diabetes, la relación es simbiótica: Los pacientes con enfermedad periodontal podrían tener diabetes de tipo 2 con mayor frecuencia que aquellos con las encías sanas, además de contribuir a aumentar el riesgo de sufrir las complicaciones asociadas a la diabetes. Y los adultos con diabetes mal controlada tienen un riesgo tres veces más alto de tener enfermedad periodontal que aquellos que no tienen diabetes.

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