La labor de los odontopediatras es esencial de cara al futuro de los más pequeños. Y es que, al llevar a nuestros hijos a la consulta de un dentista infantil podremos evitar posibles complicaciones a lo largo de su crecimiento, así como conseguir un ahorro económico a la larga.

“Más vale prevenir que curar”. Todos hemos escuchado alguna vez este conocido refrán, pero no siempre lo llevamos a la práctica en temas de salud dental. El acelerado ritmo de vida que llevamos, el infundado miedo al dentista, etc; son muchas las razones que argumentan gran parte de los adultos para justificar por qué no realizan todas las revisiones dentales periódicas que deberían. El problema es que esto se traslada también a los más pequeños, y muchos padres tienden a recurrir a los odontopediatras solo cuando surge una complicación en la salud bucodental de sus hijos, y no regularmente.

Los odontopediatras explican que cada día reciben en sus consultas a adultos con graves problemas de salud bucodental que podrían haberse minimizado (y en algunos casos hasta evitado) de haber acudido al dentista infantil a edades más tempranas.

De hecho, otra de las razones por las que es importante que los pequeños visiten con asiduidad a su dentista infantil es que muchas enfermedades, que aparentemente no están relacionadas con la salud dental, pueden ser detectadas en las revisiones que realizan los odontopediatras.

Y es que muchas veces no somos conscientes de lo que podríamos evitar con las visitas regulares al dentista infantil. No solo a nivel de salud, como ya hemos comentado, también si nos centramos en el plano económico: muchos tratamientos dentales que se realizan en los adultos, por no haber sido localizados o tratados a tiempo, implican un desembolso importante que podría ser mucho menor de haber realizado controles periódicos con los odontopediatras en su momento.

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