La vida profesional de los odontólogos pasa por muchos factores que provocan estrés, lo que los hace propensos al desarrollo de trastornos del estado de ánimo y de ansiedad, y a las patologías médicas que estos males conllevan.

Un estudio del Mental Health Daily listaba hace dos años las profesiones con mayor tasa de suicidio. En el primer lugar estaban los profesionales de la salud y los odontólogos en el segundo puesto.

Estudiar odontología significa un gasto adicional a lo que conlleva cursar una carrera universitaria, por los altos costos de los materiales que usan los estudiantes en sus prácticas. Allí comienza el estrés de los futuros profesionales.

Superado el pregrado, vienen las especializaciones, que suelen ser también costosos y los interesados trabajan más horas para poder pagarlo, quitando tiempo de calidad a su vida.

También influyen los nuevos modelos de clínicas dentales económicas, que ofrecen buenos precios a costa del salario del odontólogo o de la calidad de los materiales, creando un foco más de estrés para los profesionales.

El odontólogo, además, necesita estar actualizado constantemente de las novedades en la profesión, por lo que asume gastos de cursos, materiales y viajes.

Caso aparte es el trato con sus pacientes, una relación en la que pueden surgir conflictos, exigencias, problemas con los pagos o tratamientos que fracasan.

El afán de perfeccionismo también juega en contra de los odontólogos, que los presionará para trabajar cada vez de forma más eficiente y eficaz.

Los que no dispongan de las herramientas necesarias para hacer frente al estrés laboral, el trabajo en equipo y la relación con los pacientes estarán más vulnerables.

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