Despertarse por la mañana con la sensación de tener la boca completamente seca, la lengua áspera o incluso dificultades para tragar es algo bastante habitual. En ocasiones ocurre de forma puntual, pero cuando se repite con frecuencia conviene prestarle atención.
La saliva desempeña un papel fundamental en la salud de nuestra boca. No solo ayuda a hablar, masticar y tragar, sino que también contribuye a neutralizar los ácidos, eliminar restos de alimentos y proteger los dientes frente a las bacterias. Por eso, una reducción mantenida de la producción de saliva puede favorecer la aparición de determinados problemas bucodentales.
La sequedad bucal recibe el nombre de xerostomía, aunque tener la boca seca al despertar no significa necesariamente que exista una enfermedad. Las causas pueden ser muy variadas y, en muchos casos, están relacionadas con hábitos cotidianos.
¿Por qué se seca tanto la boca mientras dormimos?
Durante la noche nuestro organismo produce naturalmente menos saliva. Por este motivo, es normal notar cierta sequedad al despertarse. Sin embargo, existen diferentes factores que pueden intensificar esa sensación.
Uno de los más frecuentes es dormir con la boca abierta. Las personas que respiran por la boca durante varias horas pierden humedad constantemente, haciendo que las mucosas se sequen mucho más de lo habitual.
Esto puede suceder debido a una congestión nasal, alergias, resfriados o dificultades para respirar correctamente por la nariz. También es frecuente entre personas que roncan.
La calefacción y el aire acondicionado pueden contribuir igualmente al problema. Dormir en una habitación con un ambiente muy seco hace que se pierda más humedad durante la noche.
Otro factor que debe tenerse en cuenta es la hidratación. Si durante el día bebemos poca agua, es más probable que la sensación de sequedad sea mayor al levantarnos.
Además, determinados medicamentos pueden disminuir la producción de saliva. Entre ellos se encuentran algunos tratamientos utilizados para las alergias, la hipertensión, la ansiedad o determinados problemas respiratorios. Si la sequedad aparece después de iniciar un tratamiento, conviene comentarlo con el profesional sanitario correspondiente y nunca suspender una medicación por cuenta propia.
El consumo habitual de alcohol y tabaco también puede favorecer la irritación y sequedad de las mucosas.
Incluso el estrés puede tener cierta influencia. En épocas de mayor tensión algunas personas respiran de manera diferente, aprietan los dientes o modifican determinados hábitos durante el sueño, lo que puede contribuir a despertarse con una sensación desagradable en la boca.
¿Puede la boca seca afectar a los dientes?
Cuando ocurre ocasionalmente, la sequedad bucal no suele representar un problema importante. La situación cambia cuando aparece prácticamente todas las noches o también se mantiene durante el día.
La saliva funciona como un mecanismo de defensa natural de la boca. Ayuda a arrastrar restos de alimentos y a controlar los ácidos producidos por las bacterias después de comer.
Si existe poca saliva durante periodos prolongados, puede aumentar el riesgo de caries, inflamación de las encías y mal aliento. Algunas personas también pueden notar ardor en la lengua, alteraciones del gusto o dificultad para comer determinados alimentos secos.
Por este motivo, beber agua nada más levantarse puede aliviar la sensación, pero no siempre soluciona la causa.
También es recomendable mantener una buena hidratación durante el día, evitar el exceso de alcohol y tabaco, ventilar el dormitorio y utilizar humidificadores cuando el ambiente sea especialmente seco.
Una buena higiene bucal dental resulta especialmente importante. El cepillado con una pasta dental con flúor, junto con la limpieza interdental, ayuda a proteger los dientes cuando la cantidad de saliva es menor.
Además, conviene observar cuándo aparece el problema. Si la sequedad ocurre únicamente después de una noche concreta puede deberse simplemente al ambiente o a una congestión nasal. Sin embargo, si aparece cada mañana durante semanas, también existe durante el día o se acompaña de dificultad para tragar, heridas frecuentes, ardor, mal aliento persistente o un aumento de las caries, es aconsejable consultarlo.
Una revisión dental puede ayudar a comprobar si la falta de saliva está afectando a dientes, encías o mucosas y determinar qué medidas pueden ser más adecuadas en cada caso.


