La sensibilidad dental es una molestia común que puede interferir con actividades cotidianas tan simples como tomar un café caliente o disfrutar de un helado. Se estima que una de cada tres personas adultas ha experimentado sensibilidad dental en algún momento de su vida.

La sensibilidad dental, o hipersensibilidad dentinaria, se manifiesta como un dolor agudo y breve ante estímulos como bebidas frías o calientes, alimentos dulces o ácidos, durante el cepillado de dientes o incluso con el aire frío al inhalar.

Este dolor se produce cuando la dentina, la capa interna del diente, queda expuesta y los estímulos alcanzan los nervios a través de los túbulos dentinarios.

¿Qué puede causar esta sensibilidad?

1. Cepillado agresivo

Un cepillado con demasiada fuerza o con un cepillo de cerdas duras puede desgastar el esmalte y retraer las encías, dejando expuesta la raíz dental.

2. Recesión gingival

Cuando las encías se retraen debido a una enfermedad periodontal. De esta forma, se expone la raíz del diente, que no está protegida por esmalte.

3. Erosión dental

El consumo frecuente de alimentos y bebidas ácidas (refrescos, cítricos, vinagres) puede desgastar el esmalte, favoreciendo la exposición de la dentina.

4. Bruxismo

El hábito involuntario de apretar o rechinar los dientes puede provocar microfracturas en el esmalte.

5. Tratamientos dentales recientes

Procedimientos como limpiezas profundas, blanqueamientos o empastes pueden causar una sensibilidad temporal.

¿Cómo se trata la sensibilidad?

Entre las opciones disponibles se encuentran el uso de pastas desensibilizantes con compuestos como nitrato potásico o fluoruro de estaño, que ayudan a bloquear la transmisión del estímulo hacia el nervio; la aplicación de barnices de flúor en consulta para fortalecer el esmalte y reducir la sensibilidad y el uso de selladores o resinas restauradoras cuando la dentina expuesta es extensa.